martes, 10 de noviembre de 2020

Reflexiones de cuarentena: El amor NO es suficiente (salud en la pareja)

Vivir saludablemente en pareja es un arte que exige muchos más ingredientes que el amor. Hemos sobreestimado el poder del amor sin entender que éste depende del bienestar psicológico y espiritual que nos depara una buena relación. De tal manera que las máximas: "el amor no tiene límites", "el amor lo aguanta todo", "el amor lo puede todo", terminan siendo mitos que se desploman ante la realidad de una mala interacción. Y no necesariamente esto significa que en algún momento las personas no hayan sentido que se amaban, simplemente los hechos los enfrentan a nuevas realidades como: "el amor tiene principio pero también puede tener fin", "los límites del amor llegan hasta donde se toca la dignidad personal", "si genera dolor y resta paz, es cualquier cosa menos amor".

De tal manera que para vivir en una experiencia afectiva saludable, es menester contar con atributos personales que le permitan a cada miembro de la pareja ser buena persona y ser buena compañía para el otro. A esto le llamamos "calidad personal".

Si no se está preparado para vivir con uno mismo, si no se tiene empatía, capacidad para comunicarse, resolver problemas y negociar situaciones, quizás no sea una buena idea intentar asociarse en pareja.

Asimismo, cada uno necesita estar consciente de lo que tiene para aportar al otro y a la relación, más allá del dinero o bienestar material.

- Definir expectativas (¿qué quiere cada uno?).

- Hacer explícito lo que cada quien puede o está dispuesto a aportar.

- Sincerar los recursos personales con los que se cuenta para que la relación sana sea algo factible.

Son algunos de los aspectos que no se pueden manejar de manera tácita y que con frecuencia encuentro que no se abordan con seriedad en la mayoría de las parejas.

Reflexiones educativas: Socialmente correcto y humanamente incorrecto.

El comité que preside la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, encargado de otorgar los famosos premios Oscar, emitió un comunicado en donde comenta que no podrán competir películas que no incluyan requisitos mínimos de inclusión y diversidad racial.

La cinematografía como expresión artística sirve también como crítica social y discurso propositivo. El arte también tiene derecho (a veces creo que incluso la obligación) de ser cuestionador y contestatario. Con esta política la producción cinematográfica que concurse será limitada a las películas "socialmente correctas".

Hoy en día estamos en medio de esta ola de lo "socialmente correcto" y tratamos de proteger a los individuos de afrentas que en realidad no existen. Nos exigen un manejo del lenguaje en cuestiones de género, por ejemplo, que sea respetuoso de los derechos feministas, pero a la vez que sea incluyente. No hay modo de hablar "correctamente" respetando ambas posturas.  Además se nos "invita" (aunque probablemente pronto se nos exigirá) a incluir pronombres inclusivos que no han sido aprobados por la RAE, como "elles" para la gente "no binaria".

La corrección en el lenguaje y en el cine es solo una muestra de lo limitados que están nuestros jóvenes emocionalmente para adaptarse a un mundo cambiante y que no concede treguas. Yo si sé fabricar mi propia tranquilidad en medio de una situación poco favorecedora, ellos, en su mayoría desafortunadamente no. Y esta sociedad y estos movimientos promueven la idea de que "el otro" es el problema, de que "el que piensa diferente" es el origen de mis sufrimientos y de que si "los demás" opinan distinto están mal y deben de ser corregidos o eliminados. 

Las libertades de pensamiento y expresión están siendo coartadas en pos de una "corrección social" que solo limita y que a la larga solo generará más conflictos sociales. Inevitablemente en las sociedades una cerrazón tiende a encontrarse con otra de la manera en la que un objeto indestructible se topa con un muro inamovible.

 En conclusión: estamos ante una generación de gente emocionalmente débil, donde todo debe de ser suavizado, porque "todo" es ofensivo... incluida la verdad.


jueves, 5 de noviembre de 2020

Yo determino lo que pasa en mi mundo.

Querido lector, en esta ocasión te comparto una reflexión de Sri Baghavan, creador de la  técnica de transmisión de energía por imposición de manos conocida como Diksha:

"Hace algunos años en un pequeño poblado la policía hizo un llamado a todos los habitantes porque un asesino psicótico estaba suelto. La policía recomendaba quedarse encerrados en casa, no abrir a extraños, estar alertas y reportar cualquier cosa inusual que se observara. Claramente los pobladores estaban alarmados y alertas.

Era una tarde fría y lluviosa y mientras los habitantes se preparaban para esta amenaza, una anciana dormía plácidamente una siesta frente a su chimenea, completamente ajena a lo que estaba ocurriendo. Cuando la anciana despertó el asesino estaba parado frente a ella armado con un garrote, empapado, goteando sobre la alfombrilla y tiritando de frío. La anciana lo observó con serenidad y le dijo: "hijo, estás empapado, acércate al fuego para que te calientes". El asesino obedeció y se calentó un poco frente a la chimenea. Entonces la anciana prosiguió: "hijo, debes tener hambre, ve a la cocina y toma lo que desees, aliméntate, hay pan y leche". El asesino soltó su garrote, fue a la cocina y comió. Unos instantes después regresó frente a la anciana, hizo una ligera inclinación con la cabeza, tomó su garrote y se fue. 

El asesino entró entonces a la casa de junto donde vivía una familia. Mientras todos gritaban llenos de terror el asesino usó su garrote en cada uno de ellos".

Tú eres el combustible de las respuestas universales en tu vida. Recuérdalo. 



martes, 27 de octubre de 2020

Ansiedad de pandemia.

Vino la pandemia, nos recluyó en casa, nos hizo ajustarnos de manera abrupta a un nuevo estilo de vida para el que muchos no estábamos preparados. Ahora usamos cubrebocas para todo, entendemos con familiaridad (aunque no siempre la practicamos) la sana distancia, el gel antibacterial se ha convertido en uno de los productos de uso diario y obligado y el encierro nuestra rutina habitual.

Las empresas han virado a una dinámica de trabajo en línea en su enorme mayoría. Algunas tenían esquemas híbridos o parciales donde sus trabajadores iban algunos días a la oficina y otros se conectaban desde casa, o bien tenían un segmento de la fuerza laboral trabajando en línea con visitas esporádicas a la oficina en tanto que un buen porcentaje de los colaboradores contratados iban diariamente de manera física en horario completo. Hoy por razones de pandemia la mayoría de las empresas tuvieron que evolucionar a un esquema 95% en línea obteniendo de él ventajas notables básicamente en la reducción de costos. 

Ya no son necesarias las enormes oficinas corporativas llenas de mamparas, conexiones, aire acondicionado, salas de juntas y una que otra planta. Ahora la empresa no necesita pagar renta, o soportar el coste de estos monstruos administrativos. Mantienen la conexión de sus empleados a través de internet, correos electrónicos y alguna plataforma de videoconferencias. El empleado trabaja desde su casa, paga la luz, utiliza su mesa o escritorio, ya no consume el café de la oficina, ya no pierde tiempo en salir por "el cigarrito", en reír y comentar con el compañero de junto sobre las proezas del fin de semana. Ya no hay distractores. 

La pandemia y la necesidad de aislamiento han sido altamente favorecedores para las empresas dado que de un día para otro, obtuvieron una enorme fuerza de trabajo, un ejército de empleados que no tienen horarios ni distractores y que no representan mayor costo que salario y prestaciones. 

Analicemos la situación del empleado ahora, el trabajador común, el que está abonado en corporativo de sol a foco. El típico "godín". Este individuo ahora se levanta, tal vez un poco más tarde, si va bien, hace algo de ejercicio, se baña, desayuna y se sienta en su mesa, prende su computadora y se dedica por las siguientes 8-10 horas a contestar mails, hacer llamadas y participar en juntas. A la hora de la comida, se cambia de lugar en la misma mesa, come en 15-20 minutos y regresa a su esquina para continuar sus labores.  A las 8, 9, 10 de la noche, apaga la computadora y cambia el monitor por la televisión. El que está solo, se encuentra en un estado de perpetuo aislamiento que no se resuelve con el contacto por medios electrónicos, la soledad se ha apoderado de el. El que vive con alguien tiene que lidiar con la tensión de partir la mesa del comedor en dos para que cada uno tenga una "oficina". Si hay hijos, la tensión es mayor, cada uno está conectado con audífonos, la maestra tiene su agenda, el cliente tiene su agenda, el jefe tiene su agenda, y resulta que ahora, son los padres de familia los que entre llamadas (en el mejor de los casos, porque con frecuencia es durante ellas) y juntas tiene que supervisar que el niño haga, realice, corrija, apunte, se enfoque, responda, ejecute, comprenda y en resumen aprenda. Porque el maestro no se detiene, y a la menor provocación manda al niño a la "sala de espera".

No es de extrañar que la ansiedad se haya disparado en los hogares. Ya no hay tiempo de elaboración ni espacio. Si alguien tiene conflicto en casa, pasa ocho horas en la oficina, libre de ese conflicto y la distancia y el espacio le pueden ayudar a elaborar. Si alguien tiene conflicto en el trabajo, siempre podía llegar a casa, a su lugar seguro, a platicarlo con alguien. Hoy todo se resuelve en la misma atmósfera, en la misma habitación, en la misma mesa. Se acabaron las salidas después de la oficina, las reuniones en el bar local para hablar mal de los jefes o para celebrar los logros, ya no hay más el equipo de trabajo con el que me pongo de acuerdo para ir juntos al gimnasio a la hora de la comida y no fallar.  Ya no anhelamos llegar a casa a descansar, ya estamos ahí y la monotonía se hace recalcitrante, desaparece la ilusión, la novedad. Las presiones del trabajo y de la escuela (llamémosles externas) son mayores y se suman a las presiones de la ansiedad, soledad, miedo y depresión (llamémosle internas). Asediados por el virus desde hace meses, estamos encerrados, estamos solos, estamos aterrados. 

Además los padres, siempre aquejados por el temor a ser poco eficientes en su labor paterna tienen ahora la responsabilidad de sacar adelante las clases y los contenidos. Se han topado con que no conocían el comportamiento de sus hijos en la escuela, lo inquietos que son, lo dispersos que son, lo poco proactivos que son. Los padres no entienden (no tienen por qué) como es la educación y quieren que los niños aprendan todo en cada lección sin darse cuenta que el aprendizaje es un proceso. Con alarma los docentes se ven cada vez más cuestionados por los padres de familia y además notan como estos se vuelven cada vez más persecutorios y violentos con los niños, con frecuencia interrumpen las clases, o apagan las cámaras y micrófonos para "corregir" a sus hijos, cuando el niño vuelve a cuadro está llorando y cabizbajo.   

No te pierdas a ti. Este es el panorama general, pero siempre puedes hacer algo. Te enlisto una serie de recomendaciones para poder hacer frente a estos fenómenos y dinámicas:

1. Trata tu cuerpo porque es tu vehículo: duerme bien, aliméntate adecuadamente, haz ejercicio.
2. Haz ejercicio, duerme bien aliméntate adecuadamente.
3. Aliméntate adecuadamente, duerme bien y haz ejercicio.
(¿Cómo puedo estresar lo suficiente lo importante que es mantener el organismo en estado óptimo?)
Me dicen: en casa no puedo hacer ejercicio, te comparto: en youtube hay miles de tutoriales de ejercicio en casa, puedes subir y bajar escaleras durante 30 minutos, puedes desempolvar tu caminadora o tu bicicleta fija que usas de perchero. He encontrado con una frecuencia creciente clases de yoga en línea o entrenamientos personalizados en casa por parte de varios coaches.
4. Haz algo de meditación y/o practica el mindfullness, nuevamente te refiero a youtube. Ahí encontrarás miles de videos con meditaciones varias.
5. Entiende que no vas a poder controlar todo, suelta, relájate, haz tu mejor esfuerzo y confía.
6. Cuida tus horarios de trabajo. Trata en la medida de lo posible, cumplir el horario que tenías en presencial.
7. Trata de ver menos televisión y busca mejor otro tipo de actividades como cocinar juntos, leer, hacer videollamadas con amigos.
8. Busca la novedad activamente. Me han hecho varias propuestas de eventos en línea, como conferencias, clases de pintura, clases de cocina, por ejemplo. Un amigo mío se sale en su coche a dar una vuelta por la ciudad. 
9. Evita el aislamiento a toda costa.
10. Observa tus emociones, atiéndelas. Lo que sentimos nos habla de lo que necesitamos. Tus emociones son tus gritos de ayuda.
11. Habla con la gente, entiende que todos están igual y si tu inicias el diálogo puede que encuentres oídos empáticos, se podrán acompañar en este proceso tan complejo.
12. Evita los pensamientos tipo: "¿hasta cuándo podré regresar a mi vida normal?", "ya llevo siete meses en aislamiento", estas ideas no ayudan. Ayuda que te ubiques en el momento presente, no adelante, no atrás y vive un día a la vez, solo uno.

Espero que esto te aporte, el bienestar se trabaja activamente. No llega solo y menos en estos tiempos, tomarlo como una oportunidad de construirnos es nuestro derecho. 

viernes, 9 de octubre de 2020

Redes sociales

Este es un tema altamente controversial y que está dando un giro que si se analiza con cuidado resulta potencialmente catastrófico para nuestra sociedad.

Te recomiendo un documental en Netflix que se llama "El dilema de las redes sociales" en donde gente muy experta y que forma parte de la élite de Sillicon Valley explica el contexto o más bien el subtexto de lo que la experiencia de redes sociales implica.

¿Cuántas redes sociales conoces? Hoy tenemos FaceBook por supuesto, Instagram, Twitter, Telegram, TikTok, SnapChat, entre las más conocidas, pero hay cientos de redes sociales activas y cada una con el mismo objetivo, retener tu atención.

Este es un elemento prioritario para cualquier red social. Digamos que el Instituto José Lévy quiere publicitarse y para esto contacta a FaceBook, entonces la red social le hace un planteamiento al instituto donde si paga una determinada cantidad tendrá cierta exposición, si paga otra cantidad tendrá más exposición y así sucesivamente. El cliente en este caso es el Instituto José Lévy quien está demandando un bien, un producto; el proveedor es FaceBook quien va a entregar el producto. El producto, mi querido lector, eres tu, tu tiempo y tu atención. Las redes sociales comercian tu tiempo en pantalla y lo venden al mejor postor.

Toda red social funciona a través de un algoritmo que pone el bien del cliente antes que el del producto (recuerda que tu eres el producto), el algoritmo va a hacer lo necesario por retener tu atención sin importar si eso te hace bien o mal. El sistema es perverso y está midiendo todos tus hábitos, cuanto tiempo pasas en pantalla, cuanto tiempo te toma leer los mensajes, en cuales te detienes más y menos tiempo y el sistema entonces comienza a alimentar tu pantalla para interesarte y tenerte ahí pegado todo el tiempo posible.

Las redes sociales tienen a sus usuarios totalmente segmentados, saben tu edad, sexo, nivel socioeconómico, gustos, intereses, aficiones, pueden predecir tu comportamiento e influenciar tus decisiones, esto es lo más peligroso, solo con la finalidad de llamar tu atención para hacerte un producto vendible. Por supuesto, es un gran negocio, imagina que tu quieres vender algo y estos proveedores te dicen yo te voy a anunciar con un gran número (millones) de compradores potenciales de tu producto, te voy a exponer justamente a los individuos de la edad y nivel socioeconómico y con gustos compatibles con tu producto. Dime si no lo pagarías.

¿Entonces que hace habitualmente una red social para retenerte en su pantalla? Todas las redes sociales tienen lo que se conoce como FEED o alimentación. Cuando tu das click a un contenido de tu interés o bien te tardas más en una publicación específica, el algoritmo comienza a "alimentar" tu cuenta con información compatible para retener tu interés el mayor tiempo posible. Así que tu cuenta se ve bombardeada por un sin fin de publicaciones que resaltan tus puntos de vista, opiniones y actitudes. Es lógico, un feed que se aleje de tus intereses no va a retenerte, y estamos hablando de redes mundiales con millones de usuarios, forzosamente algunos comparten tu manera de pensar. El resultado es que tu solo ves comentarios y cuentas de gente afín, creando la idea de que todos piensan como tu y que solo una minoría disiente, ellos deben de estar mal. Esto insisto, es solo una ilusión y por ende nos segmenta, nos opone, nos aísla. Paradójico, hablando de una red social.

Por otro lado está el efecto en el ánimo y en el cerebro. 

A nivel cerebro está más que probado que el uso de dispositivos nos hace adictos y que cada like genera una descarga dopaminérgica en el cerebro exactamente igual a la que genera una dosis elevada de azúcar o algunas drogas. Con la costumbre el cerebro y el sistema completo se hacen totalmente adictos a las descargas de dopamina. Los individuos comienzan a tener comportamientos adictivos. No pueden estar sin revisar el teléfono, se ponen irritables y ansiosos cuando no acceden a sus redes. No pueden seguir una conversación correctamente e invierten mucho más tiempo ganando seguidores del que realmente perciben.  

Los jóvenes están claramente más ansiosos, de acuerdo a dos estudios recientes de la universidad de Michigan, el uso continuo de redes sociales los ha hecho sentir más solos que a sus coetáneos de dos generaciones anteriores, ha elevado sus niveles de estrés y los hace sentir rechazados. La búsqueda de la aceptación se traduce en la búsqueda obsesiva de likes y en esa vorágine acceden a hacer cosas con las que no están necesariamente de acuerdo, que finalmente se hacen virales y tienen el efecto contrario,  generar más rechazo y aislamiento. Los intentos de suicidio se han incrementado exponencialmente, así como los trastornos alimenticios.

Paradójicamente, los creadores de estos super sistemas y algoritmos no permiten que sus hijos los usen. La mayoría les tienen prohibido no solo el acceso a redes sociales sino el uso de dispositivos celulares, tablets y de videojuegos. 

Deberíamos estar usando estos canales para construir redes, justamente, es un sin sentido que nos aíslen cada vez más. 

Las redes sociales son inevitables, y fueron creadas con grandes ventajas. Es cierto que de algún modo nos acercan, nos conectan y nos hacen la vida más sencilla. Pero si requerimos regular su uso, no hacer caso del feed, seguir a personas que piensen diferente de nosotros, etc. y por supuesto, del mismo modo que no dejarías a criterio de tus hijos el consumo de alcohol, tampoco permitas el consumo de redes. Los jóvenes no deberían tener redes sociales ni dispositivos antes de los 13 años, según el ex vicepresidente de crecimiento y negocios de Instagram... ¿qué te dice eso de tus hijos y se su consumo de redes sociales? ¿Qué tanto permites que tu hijo se convierta en un producto negociable e intercambiable entre las marcas? ¿Qué tanto permites que se vuelva dependiente de un dispositivo?








miércoles, 23 de septiembre de 2020

El feminismo radical

Todos los dias jueves por la noche un grupo de padres de familia de Lévy y un servidor nos reunimos para tener una sesión grupal de apoyo emocional. En estos grupos hablamos de temas varios principalmente relacionados con la pandemia y sus implicaciones para todos.

En el último de estos encuentros el grupo discurrió hacia temas más generales y terminó polemizando sobre los cada vez más radicales grupos feministas. Los puntos de vista del grupo se pronunciaban principalmente en dos vías:

Los primeros, comentaban que en muchas ocasiones las posturas del feminismo radical actual, tiene como efecto, criminalizar y satanizar a los hombres, además de generar la percepción de que son los únicos responsables de las conductas inadecuadas e incluso abusos sexuales. Desde este punto de vista, es igualmente importante notar que muchas mujeres suelen tener conductas de riesgo y fallan al establecer una línea clara de relación hacia su persona y con los chicos. Sin dejar de observar que nadie, bajo ninguna circunstancia, tiene derecho a propasarse, que es imprescindible el consentimiento de la otra persona, es un hecho que muchas mujeres son ambiguas en su comunicación y dan a entender cosas que al final no quieren. El punto giraba en torno a que en esta cultura de feminismo radical, no se contemplaba la importancia de la responsabilización de la mujer y el posible papel que juega al participar en conductas de riesgo. Al final, si entro a Tepito por la noche con mi Rolex de oro, nadie puede decir que no fui responsable de que asaltaran, aunque el robo es siempre condenable.

Por otro lado, otros miembros del grupo, especialmente mujeres, decían que no se sentían cómodas cuando eran incluidas en los discursos feministas radicales, específicamente cuando estas chicas que tienen conductas abiertamente criminales durante sus manifestaciones, dicen representar a todas las mujeres. En concreto, algunas madres de familia del grupo decían, "yo no me siento representada por mujeres que bandalizan monumentos, irrumpen en negocios y agreden peatones, yo no estoy de acuerdo".

Desde mi muy personal punto de vista, en este tema que es verdaderamente complejo, hace falta mucha empatía generalizada. Por un lado estoy completamente de acuerdo con estos planteamientos, de verdad, los valido totalmente, porque desde una óptica son altamente razonables. Un reclamo social que destruye propiedad privada y pública, se demerita y demerita su causa. Por otro lado, ninguna iniciativa que no contemple que el único 100% responsable de mi persona soy yo y tienda a transferir esa responsabilidad a otros, tiende a ser poco efectiva. Debemos entender como sociedad que los primeros responsables de nuestro bienestar somos nosotros mismos y que este no es posible sin el bienestar del otro.

Sin embargo, y es aquí donde es importante ampliar la mirada, estos puntos de vista no contemplan a todas esas mujeres que viven con miedo por ir a trabajar. No son las que se ponen en riesgo, alcoholizándose, drogándose y dejándose manosear por los chicos, estoy hablando de las mujeres, madres solteras, por ejemplo, que salen a trabajar y saben de manera muy clara que pueden no regresar con bien a sus casas. Hablo de las madres que suspiran con alivio cuando ven que sus hijas llegan a casa, y no son pocas. Todas esas personas que viven presas de grupos delictivos intocables, que abusan, que toman, que destruyen. Hablo de ese segmento de la sociedad que tiene décadas en una situación que no cambia. Obviamente necesitamos replantearnos el respeto a la mujer como sociedad, a la mujer primero, porque es la más agraviada, pero en seguida a todos los demás.

Sin embargo, no es mi papel juzgar la validez o falta de ella de este movimiento, sus representantes y las acciones que emprenden. Nada más lejos de mi intención y la de este espacio.

El feminismo será entonces necesario para generar un cambio estructural, eso no me toca a mí evaluarlo. El escozor me lo genera la palabra radical. Y es frente a lo radical en cualquiera de sus formas (no privativo del feminismo, también incluyamos aquí al catolicismo radical, al islam radical, a la supremacía aria radical) que yo toco miedo. Porque en esta visión humana y espiritual que busca construir, lo que une construye y el radicalismo en todas sus variadas expresiones tiende a separar.

El problema de ser radical en cualquier aspecto es que nos separa del resto, de los que piensan diferente y no permite el diálogo, el acuerdo, el equilibrio y la unión. El problema de ser radical es que nos separa y nos vuelve violentos. El problema de ser radical es que nos separa y nos limita a nuestra propia visión de las cosas dejando de lado todas las demás opiniones y lo constructivo que algunas de ellas pueden ser. El problema de ser radical es que nos separa porque nos vuelve intolerantes, clasistas, y nos da la percepción de mejores y peores, de buenos y malos. El problema de ser radical es que nos ciega haciendo que nos relacionemos con el concepto y no con la persona, con la opinión y el punto de vista y no con el individuo. 

El radicalismo nos plantea una frontera infranqueable, nos sume en separación, soledad y ruido, un ruido en el que nadie escucha. 

No hay manera de construir una sociedad de respeto y aceptación, de seguridad y de bienestar si estamos parados en la separación como paradigma de vida. 

¿Y tu, unes o separas?

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Un exalumno y su historia de crecimiento

La mayoría de ustedes conoce a Miss Chivis, ella ha sido nuestra maestra de desarrollo humano por un buen número de años ya.

El hijo de Miss Chivis estudió la primaria en José Lévy, su nombre es Haffid. Y me disculpo porque escribo esto sin su autorización expresa, pero me parece muy relevante lo que me impele a citarlo en este cyberespacio.

Cuando Haffid estaba en sexto año tuvo una muy mala experiencia con su maestra de inglés. Ella no lo quería, le era antipático. Me parece, a pesar de lo que ustedes puedan pensar, que es válido que un maestro no sienta empatía hacia alguno de sus alumnos. De hecho, desconocer esta posibilidad implica desconocer un proceso muy humano. Lo que importa y que en efecto diferencia al docente con más desarrollo humano del que no lo tiene, es lo que el primero hace con sus sentimientos diferente de lo que haría el segundo.

En este caso, parecía que la maestra no tenía nada de desarrollo humano porque se dedicó a comunicar con alto grado de claridad su antipatía por Haffid. La maestra se dedicó a agredirlo pasivamente cada vez que podía, de tal modo que muy pronto a Haffid le quedó muy claro que el era un evento disruptivo en la vida de su maestra.

La situación era compleja dado que esta maestra era compañera de trabajo de Miss Chivis, y además se podía decir que eran amigas, habían compartido lugares y momentos, reuniones sociales y eventos, habían reído juntas, habían convivido en comidas, fiestas, y habían compartido información personal. Así que era doblemente sorpresivo para ella que su "amiga" tuviera estas actitudes con su hijo.

Miss Chivis decidió actuar como una madre más y solicitó una entrevista formal con la maestra. En esa entrevista, comentó lo mejor que pudo la vivencia de Haffid y preguntó que podía hacer para mejorar su conducta, desempeño y en últimas, su relación con ella. La maestra desconoció sus acciones y mensajes y se dedicó a criticar al niño de manera artera y radical, describiéndolo como un incitador al desorden, a la flojera, a la indisciplina y con una absoluta incapacidad para la adquisición de la lengua. Miss Chivis se dio cuenta de que no había mucho que hacer, y que ella no tenía mucha capacidad de intervenir dado que una queja más enérgica podría generar un conflicto no solo entre maestra y alumno, sino entre compañeras de trabajo y por ende podría traer consecuencias poco favorables a nivel laboral.

Así que esa tarde se sentó con su hijo y le dijo: Haffid, tenemos que ser más inteligentes que ella, no darle motivos. A lo que Haffid respondió: pero no es justo, mamá, ella me regaña todo el tiempo y me regresa los trabajos porque están mal hechos cuando a los demás se los califica bien incluso si no le echaron tantas ganas. Y Chivis le contestó: la vida no es justa y ahora vas a tener que aprender como vivir feliz incluso frente circunstancias injustas.

El ciclo escolar fue difícil para ambos. Haffid tuvo que soportar un tratamiento muy agresivo por parte de esta mujer, mientras Chivis tuvo que tragarse todo su enojo cada vez  que ella veía o que el niño le contaba una nueva agresión.

Hace un par de años me encontré a Haffid en un evento del personal de la escuela. Nos saludamos con mucho gusto y estuvimos platicando, me contó que estudió psicología, que  trabaja en recursos humanos, y que vive independiente. Y platicando llegamos a ese momento de su vida cuando estuvo en sexto año y tuvo a la maestra de inglés que más mal lo había tratado.

Y le dije, si tu mamá nos hubiera dicho, si lo hubiera comentado con Miss Carla, las cosas hubieran sido diferentes. Pero entonces Haffid puso cara de desacuerdo y me dijo: que bueno entonces que mi mamá decidió no decir nada. Yo estaba en sexto y mi papá me decía que dado que era mi último año de primaria, tenía que ser un año increíble para mi, en el que me despedía de mi escuela, amigos y maestros de un instituto que yo amaba, y ahí en medio de todo estaba esta maestra haciéndome la vida de cuadritos y mi mamá diciéndome "sé mas inteligente que ella, no le des permiso de arruinarte tu año, no dejes que te entristezca, como ella te vas a encontrar a muchos y puedes aprender grandes cosas gracias a ella, etc". Y Haffid continuó: ese año aprendí a estar contento conmigo a pesar de que otros me critiquen, aprendí a moderar mis emociones y a tomar decisiones convenientes a pesar de que a veces quería contestarle fui más inteligente, le gané porque nunca me hizo sentir menos. Y hoy, sé lidiar con mis jefes cuando son injustos, sé como sacar mi trabajo lo mejor posible sin esperar aprobación o a que me digan que y como hacerlo. Sé como estudiar solo y sin guía porque ella me obligó a aprender así y por eso he crecido profesionalmente. En suma, gracias a que mi mamá me orientó, pude sacar mucho, pero si no hubiera sido por esa maestra... mira para que me entiendas, ¿te acuerdas de Alejandro? su mamá siempre iba a pelear con los maestros porque nos dejaban tarea. Pues no tiene trabajo porque no dura en ninguno y sigue viviendo con sus papás. Así que que bueno que Miss Carla no hizo nada.

Y hoy, querido lector, que la vida nos pone un reto que nos supera, algunos podrán crecer con el como lo hizo Haffid, orientando a sus hijos a esforzarse y adaptarse porque a veces así es la vida, mientras otros se quedarán en la inconformidad peleando con una realidad que es y perdiendo la oportunidad de capacitar a los pequeños en un aprendizaje de vida.

¿Tú qué quieres para tus hijos?

Saludos y abrazos fuertes a Haffid a quien hace mucho no veo. Gracias, gracias, gracias.