viernes, 22 de enero de 2021

Ciencia de la felicidad: ¿Obtener todo lo que deseamos nos hace felices?

"Que se cumplan todos tus deseos", o sus variantes como: "que logres todo lo que te propongas" (esta suena más sensata) son deseos comunes en año nuevo. Tenemos la idea de que conseguir todo lo que deseamos nos llevará indefectiblemente a la felicidad, pero ¿esto es cierto?

Muchos hemos fantaseado con ganarnos la lotería, por ejemplo, hay quienes sueñan con una relación de pareja, con una casa, un viaje, un coche nuevo, etc. Los deseos que nuestro cerebro proyecta van cargados de imágenes de mejora en nuestras vidas, por ende, deben de ayudarnos a ser más felices... o eso pensamos. 

Si hacemos caso a la ciencia, nos damos cuenta que nuestras predicciones son bastante deficientes, tanto para lo bueno como para lo malo.Tenemos que acercarnos a las investigaciones científicas para regresar al camino.

Clay Crokrow, es trabajador social y psicoterapeuta, sin embargo, el trabaja con un grupo particular de pacientes. Las personas que lo consultan son los super ricos, el 1% más rico del 10% más rico. Ocurrió que unos de estos personajes llegó a consulta con él y dado que no se sintió enjuiciado por el tipo de problemas que iba a resolver, poco a poco se regó la voz de que Clay es un terapeuta que no enjuicia y que acepta como perfectamente válido que el problema de la semana sea no encontrar lugar para estacionar el yate.

La mayoría de las personas considera que sus problemas tienen que ver con dinero, consideran que si tuvieran dos, tres o diez veces lo que tienen se acabarían sus conflictos. Cuando notan que los muy ricos pacientes de Clay van a terapia y tienen problemas, confrontan esta idea y por ende, lo resienten.

Clay Crokrow dice, basado en su experiencia con esta población: "si tienes un enemigo, ve y cómprale un boleto de lotería, porque si gana, su vida será un total desastre". 

Todos creemos que necesitamos más dinero para ser felices, se ha generado el mito de: a más dinero, más felicidad. Dos premios nóbel hicieron una investigación para ver si esto es real y lo que encontraron fue sumamente interesante. Tomaron una muestra representativa de trabajadores en Estados Unidos,  para las personas con el salario más bajo  de la muestra (unos 10,000 dólares al año), efectivamente, más dinero las hace menos estresadas, y más felices. Pero conforme mejora el salario de las personas, esto se empieza a nivelar, encontrando que a partir de los 75,000 dólares anuales ya no hay diferencia en los estados de bienestar aunque se cuadruplique la suma. Un vez que logramos holgura en la cobertura de nuestras necesidades básicas el dinero no hace diferencia en nuestro ánimo.

Nuestra intuición no logra ver los problemas que vienen con la riqueza, por ejemplo: la culpa. El rico piensa: mi vida no es perfecta pero debería  de serlo porque tengo dinero. Los ricos tienen problemas de relación, no pueden confiar porque los buscan por interés, no logran tener un amigo real, viven aislados, sin saber si eres mi amigo por mi dinero, ¿si vamos a comer siempre tengo que pagar?, si estamos en una reunión y todos están comentando de lo difícil de su situación, no puedo comentar que el fin de semana me fui en mi jet privado a comer a un restaurante nuevo en París, es como restregarles en la cara lo que ellos no tienen. Los ricos se sienten atrapados en jaulas de oro, no pueden dejar el dinero que es la fuente de sus malestares, del mismo modo en que los demás podemos dejar una relación enferma o un mal trabajo.

Daniel Gilbert, psicólogo social, escritor y catedrático de Harvard nos dice: "creemos que obtener lo que deseamos nos hará inmensamente felices, pero la gente que lo logra, con frecuencia no lo siente así, la gente que no tiene lo que desea, por el contrario, con frecuencia es feliz... Este es un efecto que nos ha sorprendido a los psicólogos por décadas".

Nosotros tenemos la facultad de prospectar nuestro futuro, somos la única especie que lo puede hacer, un chimpancé no puede pensar en el próximo verano, pero esta capacidad humana es bastante deficiente. El cerebro humano no puede imaginar todos los elementos que se van a modificar con los eventos futuros. La simulación del futuro nos da una rápida ojeada de lo que va a pasar, eso es fantástico, pero es también su mayor defecto porque obvia detalles importantísimos. Por ejemplo, volverte rico: imaginas todo lo que vas a ganar pero no lo que vas a perder, muy probablemente no vas a continuar con las mismas relaciones sociales que tienes con gente que necesitan dinero pero no tienen, subestimas el número de personas que van a venir a implorarte o exigirte una y otra vez que los ayudes. Mucha gente ya no va a querer llevarse contigo porque obtuviste tu dinero de la manera equivocada, y así. Nada de eso está en nuestros escenarios del futuro. 

Tenemos, adicionalmente, la capacidad de acostumbrarnos a los eventos, Gilbert le llama adaptación hedónica. Después de un rato de haber logrado algo, regresas a la normalidad emocional. nos adaptamos.

"La felicidad no es un lugar en el que puedas estar siempre, vivir ahí, es un lugar que puedes visitar una y otra vez y si haces lo correcto puedes ir con más frecuencia y quedarte más tiempo, pero no es para siempre. Es importante tener esto en cuenta porque mucha gente piensa que si después de algo muy bueno, regresan a lo cotidiano, puede haber algo mal, ¿por qué mi matrimonio, mi hijo, mi ascenso no me dan felicidad eterna?, porque simplemente no existe, felices para siempre solo pasa si te quedan tres minutos de vida". Nos dice Gilbert.

La adaptación hedónica funciona igualmente para los eventos negativos. Somos malos prediciendo lo bueno pero somos peores prediciendo lo malo. Cuando nuestro cerebro prospecta desgracias, considera que todo va a ser peor de lo que realmente es. No consideramos la adaptación, somos muy adaptables. Tenemos un sistema de defensa psicológico que nos ayuda a adaptarnos a cualquier situación. Cuando pasa algo malo, la mayor parte de las veces lo enfrentamos y salimos avante en esta situación, hay miles de ejemplos de esta actitud frente a la adversidad, y estoy hablando de experiencias que cambian la vida. Normalmente nuestra psique nos defiende a través de ideas, racionalizaciones, y por supuesto se adapta. Cuando la gente recibe un diagnóstico grave, pierde su casa en un terremoto, termina su matrimonio, etc. La gente cree que nos engañamos con estas formas de consuelo pero la felicidad que sentimos cuando pasa algo positivo, no difiere en calidad de la que nos proveemos a nosotros mismos a través de las racionalizaciones que formulamos cuando atravesamos retos fuertes.

 Hay poco más de ochocientas pláticas TED que hablan de experiencias percibidas como desgracias, que cambian la vida y que al final resultaron en enormes bendiciones. Tal y como Victor Frankl en su libro "El hombre en busca de sentido".

Con eventos negativos vienen cosas buenas, siempre, pero nuestro cerebro no es capaz de visualizarlas en la imagen del futuro que construye. 

Gilbert hizo una encuesta, donde preguntó qué es lo peor que puede vivir un ser humano. Estadísticamente encontró que la muerte o pérdida de un hijo es percibido como el evento más doloroso que la gente puede imaginar. Así que buscó padres que hubieran atravesado por eso para entrevistarlos, les pedía en la entrevista que le relataran lo bueno y lo malo de haber perdido a su hijo. Encontró que con mayor frecuencia, los padres tendían a relatar más bueno que malo, y eso sorprende. Si entendemos el poder del sistema inmune psicológico nos haremos más valientes. Harás más cosas, serás más osado y estarás bien. 

La adaptación hedónica significa que lo malo no va a ser tan doloroso y que lo bueno no va a durar tanto. Una vez más, lo bueno y lo malo son percepciones y estas no son del todo confiables.

Con algunos ejercicios que exploraremos en este espacio podrás alcanzar la felicidad con más frecuencia ajustándote a la realidad y no a la percepción. 

martes, 12 de enero de 2021

Ciencia de la felicidad: Introducción

Iniciamos el año y con frecuencia escucho el acostumbrado "feliz año" típico de estas épocas. Sin embargo, hay algo diferente en este inicio del 2021. Dadas las grandes dificultades que nos presentó el 2020 ahora los deseos de tener un año mejor van acompañados de una intención más verdadera diría, casi desesperada.

Desde esta visión, he decidido utilizar este canal para aportar mecanismos útiles para mejorar nuestra vida, para ser más felices. A partir de ahora, querido lector, vas a encontrar varias entradas que tienen que ver con todos los avances científicos probados alrededor de la felicidad, mindfulness, y estados de bienestar, que varios científicos alrededor del mundo han ido encontrando a lo largo de muchos años de investigación. Estoy seguro de que el seguimiento de los consejos que comenzaré a verter en estas entradas te apoyará para generar estados de bienestar duraderos y reales en tu vida.

Todo lo que se va a presentar en La Ciencia de la Felicidad, prueba que la felicidad es posible para todos, el problema es que la hemos buscado de manera equivocada esperando que el ascenso o esa anhelada relación nos traigan el bienestar. Pero nada funciona, al menos no de la manera que creemos, es un truco que la mente nos juega. 

Para iniciar considero importante presentar una especie de definición de la felicidad y para eso me apoyé en los puntos de vista de Sonia Rivemersky, profesora de la universidad de Riverside y autora de dos grandes textos sobre la felicidad. Ella nos dice:

"Esencialmente la felicidad tiene dos componentes, el primero tiene que ver con el experimentar emociones positivas, las personas felices tienden a experimentar emociones positivas con más frecuencia, tranquilidad, entusiasmo, alegría, afecto. Pero no es suficiente, la persona feliz también tiene un sentido de que su vida es buena, de que está satisfecha con la manera en la que va progresando hacia sus metas en la vida, necesitas estos dos componentes para ser feliz, me gusta pensar en ellos como ser feliz en tu vida y ser feliz con tu vida".

Uno de los problemas habituales de interpretación sobre la felicidad, es que creemos que si alcanzamos algunas metas ellas nos harán felices, por ejemplo, ganar la lotería, obtener el ascenso, ir de viaje, tener una relación. Efectivamente, estos son elementos que nos pueden hacer felices hasta cierto punto. No obstante, la ciencia indica que el sentido está invertido, es el sentirse felices lo que nos conduce a buenos resultados. En palabras de Sonia Rivemersky, la gente feliz tiende a casarse, a vivir más tiempo, a tener buena salud, a ser más creativos, los llaman para seguir en los procesos de entrevista y contratación. El tema es entendido al revés, no es que las cosas como el éxito nos den la felicidad, sino que si somos felices tenemos muchas más probabilidades de tener una vida exitosa.

Apoyando esta noción, te comparto los resultados de un estudio de la UCLA en el que se dio seguimiento a los alumnos del séptimo grado (alumnos de unos 12 años de edad) durante varias décadas. Se encontró que aquellos que tenían una sensación de satisfacción en la vida durante la adolescencia, terminaron con salarios un 10% más altos que el promedio de su generación, en tanto que los alumnos de séptimo grado que habían manifestado ser infelices en esos años, terminaron con salarios 30% menores al promedio de su generación. Esos adolescentes seguían afectados por sus sensaciones de tristeza más de una década después.

La felicidad también nos conduce a tener relaciones más fuertes y saludables. Se hizo un estudio sobre los anuarios en 600 preparatorias de Estados Unidos, en donde se analizaron las expresiones de los alumnos, encontrando que aquellos que tenían una expresión más honestamente feliz estaban casándose en promedio a los 27 años y lograron matrimonios mejor integrados a la edad de 52. Es decir, que aquellos que eran felices en sus años universitarios con más probabilidad lograron una vida más afectiva 30 años después.

Si quieres ser feliz hay que trabajar, no es fácil, pero es factible para todos, incluso si hay predisposiciones genéticas en sentido opuesto. Sin embargo, no siempre podemos confiar en nuestro cerebro para tomar las mejores decisiones, por ejemplo: todas las mañanas suena el despertador y si le hago caso a la ciencia, lo que conviene es levantarme a hacer algo de ejercicio, eso va a oxigenar mi sangre y órganos, tonificar mis músculos, genera endorfinas que me harán sentir bien, en suma me hará más feliz. No obstante, todas las mañanas mi cerebro me dice que me quede acostado, calientito en mi cama y que eso me hará feliz. Error.

Si te interesa tener una vida más feliz hay que practicar lo que la ciencia dice, no lo que nuestro cerebro indica. No hay estrategias de felicidad de cinco minutos pero si hay mecanismos que llevados de manera consistente, está comprobado nos harán más felices.

Por ejemplo, una de esas cosas que no son tan evidentes y que han sido reveladas por la ciencia es que el comportamiento prosocial y la gratitud son inequívocamente generadores de felicidad. En este sentido te puedo compartir una experiencia:

Un grupo de padres de familia del Instituto José Lévy desde hace años se organizaba para ir a repartir pan y café a hospitales públicos una vez al mes. Hoy en día con las medidas de aislamiento social y sana distancia prevalencientes en la ciudad, se organizan para hacer una meditación simultánea todos los viernes. Acudir a la entrega de pan y café en hospitales es complejo, implica organizar la jornada, encargar a los hijos, es viernes por lo que el cansancio de toda la semana se ha acumulado, no faltan los imponderables, el tráfico es más denso en esos días. Las jornadas de entrega de pan y café comienzan alrededor de las 20:00 hrs. y suelen concluir en la madrugada. En ocasiones se ven obligados a visitar más de un hospital para terminar de repartir todo lo planeado, en suma, no es una actividad sencilla o cómoda. Sin embargo, cada viernes los que participan en ella culminan con una sensación de satisfacción y bienestar inigualables, siendo ellos y no los beneficiados, los que más agradecen la oportunidad de poder participar en dicha experiencia. Una vez uno de los padres me dijo: "hoy me la pensé mucho para venir, tuve una semana muy ocupada y mañana me tengo que levantar temprano, no iba a venir y que bueno que vine, en serio, que bueno que vine".

Para mi fue gratamente sorpresivo encontrar este tipo de actividades entre las recomendaciones científicas para tener una vida más feliz.

Conforme avancemos en estos estudios te mostraré que la felicidad requiere dos cosas principalmente: un cambio de creencias, un paradigma distinto, y trabajo. Eso si, trabajo consistente como ir al gimnasio o  aprender un idioma. Si estás dispuesto a desafiar tu manera de ver el mundo y a esforzarte, te garantizo (de hecho la ciencia lo hace) que tendrás una vida más feliz en unos meses.

Así que bienvenido, bienvenida, comencemos a construir.  

jueves, 17 de diciembre de 2020

Mensaje navideño: La historia de la vaca.

 Un maestro espiritual y su discípulo iban caminando por un bosque cuando encontraron una choza semi destruida en donde vivía una familia muy pobre. El padre, la madre y dos hijos andaban descalzos y con harapos y estaban delgados por el hambre. Cuando el maestro y su discípulo llegaron, estaban dedicados a recolectar leña para el invierno.

El maestro saludó afectuosamente a la familia, quienes interrumpieron sus labores por un momento para hablar con el par de forasteros que los visitaban. El maestro habló con ellos unos minutos y les preguntó como se encontraban. La familia comenzó a quejarse de la difícil situación que atravesaba, el hambre, el frío y las limitaciones eran habituales para ellos. Entonces el maestro quiso saber qué hacían para sobrevivir, cual era su fuente de sustento, a lo cual el padre contestó: tenemos una vaca, con ella sacamos leche, hacemos mantequilla y un poco de queso y vendemos lo poco que nos da para sobrevivir.

El maestro se despidió afectuosamente de la familia y siguió su camino con su alumno, hasta que se detuvo y le ordenó: "Regresa sin ser visto y mata la vaca". El discípulo, sorprendido, regresó y sin saber si estaba haciendo lo correcto arrojó a la vaca al precipicio y se fue.

Años después el alumno regresó al poblado más cercano al lugar donde habitaba la familia pobre a la cual el recordaba muy bien porque había matado su única fuente de sustento. Entonces se acercó a donde estaba la choza y sorprendido se encontró en su lugar una casa en forma, humilde pero bien hecha, de piedra y madera, con una chimenea, ventanas y puertas, muy diferente de la vivienda desvencijada que el había conocido. Salió de casa uno de los hijos y lo reconoció y le dio la bienvenida invitándolo a pasar. El hogar calentaba la vivienda agradablemente y la familia estaba cocinando la cena de esa noche a la que invitaron al visitante. 

Durante la cena, el discípulo les comentó que los notaba mucho mejor que la vez que los había conocido, a lo cual ellos respondieron afirmativamente. El padre le contó: "cuando ustedes vinieron murió nuestra vaca, fue una situación muy difícil porque era nuestra única fuente de sustento, no sabíamos que hacer y la desesperación nos inundó, pero entonces tuvimos que salir a buscar otras fuentes de sustento y nos dimos cuenta que éramos hábiles para muchas cosas, mi hijo se hizo herrero y mi hija costurera, mi esposa cocina muy bien y juntos logramos poner una pequeña taberna en el pueblo, en donde trabajamos los dos muy contentos, nos va mucho mejor ahora. SI la vaca no hubiera muerto, seguiríamos pasando hambre y frío sin saber que éramos capaces de hacer todo lo que hacemos ahora.

Después de cenar, el discípulo se despidió de ellos y se fue reconfortado y feliz, una vez más sorprendido por la amplia sabiduría de su maestro...


Querido lector, tu que me regalas unos minutos de tu vida de vez en vez para leer lo que tengo que decir, espero de verdad, que estos meses este espacio virtual te haya aportado algo valioso. Sin ser ajeno a la situación que nos asedia en lo referente a salud y economía, sé que vamos a estar bien. Solo se trata de abrirnos a nuevas posibilidades.

Te mando un abrazo fuerte, y te deseo que esta navidad sea cálida y llena de amor. Y que este año nuevo, este 2021, la vida "mate tus vacas", esas que te limitan y te exponga a tu propio potencial.

En amor, felices fiestas... 

martes, 8 de diciembre de 2020

Siete diferencias entre un padre bueno y un padre sabio

 Uno de los principales problemas que notamos en el paradigma de la educación contemporánea, es esta idea peligrosísima de que los padres son "amigos" de los hijos. En continuación con esta idea, se percibe que el hijo no debe nunca bajo ninguna circunstancia atravesar por ninguna incomodidad y frustración que haya sido causada por su tutor... nada más lejano a la realidad. La labor educativa incluye una frustración constante y esta junto con los reforzadores positivos forjarán un carácter amoroso, compartido y asertivo. 

Los padres que se esfuerzan por caerles bien a los hijos son los que terminan generando tiranitos que no tienen un verdadero espacio en el orden social, no saben mantener relaciones a largo plazo (experiencia rica pero igualmente llena de frustraciones), carentes de empatía, tolerancia a la frustración y capacidad de demora.

Aqui te planteo siete diferencias claves entre los padres buena onda y los padres sabios, esos que si educan a los hijos para un mundo que no tiene tolerancia ni consideraciones:


I

Padre Bueno: Deja que su hijo haga lo que quiera para que deje de llorar (esto incluye prestarle el celular cuando el niño lo solicite).

Padre Sabio: No permite que su hijo lo manipule. Respeta su espacio personal y sus intereses, le enseña a su hijo a respetar a su vez el espacio paterno dado que eso lo hace empático y le abre camino en otras relaciones.

II

Padre Bueno: Sobre protege a su hijo y lo cuida de los errores, a veces haciendo lo que no le solicitaron que haga.

Padre Sabio: Permite que su hijo cometa errores (incluso si le frustran y le duelen) y aprenda lecciones sobre ellos.

III

Padre Bueno: Cuando el hijo presenta un berrinche o incomodidad, trata de calmarlo lo más rápido posible, omite comprender la fuente del mal comportamiento.

Padre Sabio: Busca comprender las razones y le orienta para que el solo resuelva sus problemas.

IV

Padre Bueno: Hace las tareas de su hijo.

Padre Sabio: Le enseña a su hijo a ser responsable. Le ayuda a resolver los problemas pero no hace las tareas por el.

V

Padre Bueno: Pasa todo el tiempo con su hijo y deja sus propios hobbies e intereses de lado. 

Padre Sabio: Se cuida a sí mismo, le enseña a su hijo a hacer lo mismo. 

VI

Padre Bueno: Su meta es criar a una persona exitosa y valiosa y que por sobre todo sea feliz. 

Padre Sabio: Construye una relación cálida y cercana con su hijo, vive el presente de la relación, sabe que con eso formará un ser humano capaz de fabricar su propia felicidad.

VII

Padre Bueno: Trata de aliviar la culpa brindando privilegios, comprando juguetes, etc. 

Padre Sabio: Le da a su hijo una mesada y le enseña a administrar su dinero y a ganarse los privilegios. Aguanta la culpa cuando la siente. 


Uno de los paradigmas de educación más eficaces que he escuchado, el de Dan Ariely, incluye un monto adecuado de frustración (como bien lo decía SIgmund Freud, la frustración es la fuente de la imaginación). En este sentido, es importante aclarar que no se trata de frustrar a los niños activamente al grado del trauma, no, nada que ver. El mundo se encarga solo de frustrarlos, lo que es importante es acompañarlos en la frustración y orientarlos a que busquen y generen su propio alivio. Eso les forjará un carácter resiliente.

Al final como decía mi abuela: "Te amo lo suficiente como para que no me importe que me odies". Eso si es amor y recuérdalo, el amor también es límites.


martes, 1 de diciembre de 2020

Testimonio de un chico de secundaria

Recientemente fui invitado como oyente a una clase impartida en una de las secundarias con las que tenemos convenio institucional, en el marco de las actividades de vinculación de las instituciones de la red.

La clase era una propuesta de integración emocional, lo que en nuestra escuela sería la clase de desarrollo humano.

La maestra había diseñado una actividad interesante y bastante dinámica y como era de esperarse los alumnos de unos 12 - 13 años de edad no estaban realmente cooperando. Lo que hizo toda la diferencia fue un alumno de nombre Federico, la maestra le hizo una pregunta directamente y antes de responder le pidió que dijera su nombre. "Federico", dijo el muchacho, a lo que la maestra le preguntó como le gustaba que le dijeran, "Federico", repitió el chico.

La maestra hizo una pausa y continuó: "Te llamas Federico y te gusta que te digan Federico, oye, normalmente escucho que te dicen Fede, si no te gusta que te digan Fede, ¿por qué no habías dicho nada?"

Cabe mencionar que el chico, Federico, se veía delgado y larguirucho, en apariencia tímido y retraído por lo que yo imaginé que si no decía nada era para evitar más burlas o agresiones de sus compañeros, por lo que dijo a continuación me dejó tan impactado que ahora tu lo estás leyendo tal y como pasó.

"No importa que me digan Fede", la maestra insistió: "si importa, no te gusta y con eso basta, si pones un límite ellos ya sabrán que no te gusta, y si no lo respetan siempre te podemos ayudar los maestros". "No importa, miss", replicó Federico. "Toda mi vida muchas personas fuera de mi familia me dicen Fede, es algo que pasa, y aunque no me gusta, ya aprendí que no puedo controlar a todo el mundo, mi mamá me dice que si eso me incomoda como otras cosas, el que tiene el problema soy yo porque la gente lo hace sin querer molestar, lo hacen y ya, así que yo no digo nada porque la verdad todavía me molesta a veces y prefiero que mis compañeros me ayuden a que ya no me importe y para eso los dejo que me lo digan siempre. Mi mamá dice que me imagine que un día tengo un jefe que me dice Fede y que yo no aproveché este tiempo para entrenarme. Entonces voy a tener un problema, en cambio si ahorita aprovecho que mis compañeros me dicen así, cuando tenga ese jefe ya no me va a importar, así lo he hecho con otras cosas, no me gusta cuando Galindo se ríe de mi pelo, o cuando Rojas me dice que mi lonchera es de niña, pero ellos lo hacen por divertirse y si me ofende pues tengo que hacer que no me ofenda, si no todo lo que me digan me va a ofender y no voy a poder estar tranquilo".

La maestra le dijo: "que no te digan por tu nombre es una manera de ofenderte". A lo que Federico contestó: "no lo creo, es una burla, si me pegaran o me robaran mis cosas como le hacen a algunos si sería una cosa grave para defenderme y pelear o acusarlos o ya vería pero una burla pues mejor lo veo yo solo, ¿por qué me molesta? la vedad no es tan importante".

Entonces la maestra completó: "Federico, estoy muy impresionada con la madurez con la que manejas esta situación y como prefieres atravesar estas incomodidades para ser una mejor persona, una persona fuerte que no se ofende con pequeñeces y que por lo tanto puede provocar su tranquilidad".

Una niña entonces dijo: "pues si eh, porque el siempre está tranquilo, la verdad sí le copio porque yo me la pasaba enojada y acusándolos y así y pues si me dejaban en paz un rato pero otra vez regresaban y pues te enojas y te peleas y te dejan en paz un momento y otra vez y el caso es que nunca estás tranquila, cuando hice lo que él la paso mejor.

Y entonces la clase se desvió hacia esos derroteros...

Estimado padre de familia, te comparto el testimonio de un niño de escasos 13 años que ha decidido que los demás no son el problema sino su propia reacción. Felicidades a los padres de Federico que están criando a un hombre responsable de sus emociones y con verdaderas posibilidades de ser libre y feliz, no como muchos que se la pasan tratando de quitarles los obstáculos del camino a toda costa para que nada les pase. 

¿Tú que futuro quieres para tus hijos?

martes, 10 de noviembre de 2020

Reflexiones de cuarentena: El amor NO es suficiente (salud en la pareja)

Vivir saludablemente en pareja es un arte que exige muchos más ingredientes que el amor. Hemos sobreestimado el poder del amor sin entender que éste depende del bienestar psicológico y espiritual que nos depara una buena relación. De tal manera que las máximas: "el amor no tiene límites", "el amor lo aguanta todo", "el amor lo puede todo", terminan siendo mitos que se desploman ante la realidad de una mala interacción. Y no necesariamente esto significa que en algún momento las personas no hayan sentido que se amaban, simplemente los hechos los enfrentan a nuevas realidades como: "el amor tiene principio pero también puede tener fin", "los límites del amor llegan hasta donde se toca la dignidad personal", "si genera dolor y resta paz, es cualquier cosa menos amor".

De tal manera que para vivir en una experiencia afectiva saludable, es menester contar con atributos personales que le permitan a cada miembro de la pareja ser buena persona y ser buena compañía para el otro. A esto le llamamos "calidad personal".

Si no se está preparado para vivir con uno mismo, si no se tiene empatía, capacidad para comunicarse, resolver problemas y negociar situaciones, quizás no sea una buena idea intentar asociarse en pareja.

Asimismo, cada uno necesita estar consciente de lo que tiene para aportar al otro y a la relación, más allá del dinero o bienestar material.

- Definir expectativas (¿qué quiere cada uno?).

- Hacer explícito lo que cada quien puede o está dispuesto a aportar.

- Sincerar los recursos personales con los que se cuenta para que la relación sana sea algo factible.

Son algunos de los aspectos que no se pueden manejar de manera tácita y que con frecuencia encuentro que no se abordan con seriedad en la mayoría de las parejas.

Reflexiones educativas: Socialmente correcto y humanamente incorrecto.

El comité que preside la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, encargado de otorgar los famosos premios Oscar, emitió un comunicado en donde comenta que no podrán competir películas que no incluyan requisitos mínimos de inclusión y diversidad racial.

La cinematografía como expresión artística sirve también como crítica social y discurso propositivo. El arte también tiene derecho (a veces creo que incluso la obligación) de ser cuestionador y contestatario. Con esta política la producción cinematográfica que concurse será limitada a las películas "socialmente correctas".

Hoy en día estamos en medio de esta ola de lo "socialmente correcto" y tratamos de proteger a los individuos de afrentas que en realidad no existen. Nos exigen un manejo del lenguaje en cuestiones de género, por ejemplo, que sea respetuoso de los derechos feministas, pero a la vez que sea incluyente. No hay modo de hablar "correctamente" respetando ambas posturas.  Además se nos "invita" (aunque probablemente pronto se nos exigirá) a incluir pronombres inclusivos que no han sido aprobados por la RAE, como "elles" para la gente "no binaria".

La corrección en el lenguaje y en el cine es solo una muestra de lo limitados que están nuestros jóvenes emocionalmente para adaptarse a un mundo cambiante y que no concede treguas. Yo si sé fabricar mi propia tranquilidad en medio de una situación poco favorecedora, ellos, en su mayoría desafortunadamente no. Y esta sociedad y estos movimientos promueven la idea de que "el otro" es el problema, de que "el que piensa diferente" es el origen de mis sufrimientos y de que si "los demás" opinan distinto están mal y deben de ser corregidos o eliminados. 

Las libertades de pensamiento y expresión están siendo coartadas en pos de una "corrección social" que solo limita y que a la larga solo generará más conflictos sociales. Inevitablemente en las sociedades una cerrazón tiende a encontrarse con otra de la manera en la que un objeto indestructible se topa con un muro inamovible.

 En conclusión: estamos ante una generación de gente emocionalmente débil, donde todo debe de ser suavizado, porque "todo" es ofensivo... incluida la verdad.